El borroso recuerdo de “In The Mood For Love”

Hoy hablaré de una película que vi hace poco y me dejó impresionada, y aunque no soy muy de películas de amor esta me ha cautivado, y se merece un buen post. Se trata de la obra de arte cinematográfica  In The Mood For Love (2000) del director Wong Kar-Wai y ganadora del premio Cannes a mejor actor (Tony Leung) y del premio Cesar a mejor película extranjera. Es una delicada historia de amor reprimido, del recuerdo de lo que pudo ser pero nunca llegó a serlo. Habitaciones cargadas, pasillos asfixiantes e intensa lluvia se unen para maltratar todavía más ese amor de deseos imposibles. Un amor tan fuerte que la despedida debe ser ensayada como si eso fuera a hacerla menos dolorosa.

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Contiene gran belleza y simpleza, donde los protagonistas nunca dicen lo que piensan ni lo que sienten, pero que se transmite mediante planos llenos de expresividad. Miradas, gestos, colores, sonidos… un conjunto de detalles que nos refleja todo el sentimiento que esconden envueltos en miedo y cobardía.

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Dos casadas y solitarias personas, con sus respectivas parejas viajando continuamente. Se mudan a la vez en el mismo edificio habitado principalmente por personas de Shangai. Poco a poco sus vidas se cruzan y sin quererlo van alimentando ese amor oculto que irán reteniendo y les destrozará por dentro. Envueltos en un ambiente de rumor entre vecinos, Wong consigue que nos sintamos acechadores de los personajes, como un vecino más que espía entre las cortinas con escenas grabadas a través del marco de la puerta, detrás de una ventana o reflejados en un espejo.

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La película en sí es un recuerdo, nos enseña qué es lo que queda grabado en nuestra memoria y como es transformado por nuestros recuerdos. Por eso hay tantos saltos de tiempo y de espacio. Nos perderíamos entre escena y escena si no fuera por los detalles que nos guían por esa borrosa historia. Como por ejemplo los vestidos de llamativos estampados de ella, elemento clave para marcar esos saltos y cambios.

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Así que después de buscar los carteles oficiales de la película, me decepcioné bastante. Sinceramente creo que las 3 versiones más conocidas, es decir, la japonesa, la francesa y la estadounidense, no transmiten la esencia de la historia. Deberían haber sido más impactantes y más acordes con ese amor imposible y reprimido que nos plasma el film. Las imágenes de los dos primeros nos muestran un apasionado contacto físico que nunca llega a estar visualmente presente en el film. Puede que el estadounidense sea el más acertado, con la imagen de ella cabizbaja, y él frente a ella con esa cobardía que le impide hasta tocarla.

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Pero descubrí el cartel perfecto de la diseñadora Rebecca Leigh, que refleja todos los sentimientos a la perfección. Nos muestra el deseo de los protagonistas por estar juntos, con esa expresión de nostalgia y soledad, y como una gran barrera los mantiene separados. Pero lo mejor es la abstracción que se crea en la parte superior, haciendo referencia a esos recuerdos borrosos que quedan de lo que pudo ser y no fue o no se supo cómo hacer que fuera.

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Y para acabar, os dejo la bso, porque si con lo que habéis leído aún dudáis en verla, cuando escuchéis esto es posible que cambiéis de opinión 😉

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